| El
aparato cardiorrespiratorio esencialmente cumple la misión de suministrar sangre y
oxígeno al resto de los tejidos del organismo, para que puedan cubrir sus requerimientos
de energía.
1. Respuestas agudas al
ejercicio
1.1. Aumento de la frecuencia cardiaca
1.2. Aumento del gasto cardiaco
1.3. Aumento de la tensión arterial
2. Adaptaciones del organismo y beneficios
2.1. Descenso de la frecuencia cardiaca
2.2. Descenso de la tensión arterial
2.3. Tamaño del corazón
3. Los extrasístoles
4. El umbral anaeróbico y la frecuencia cardiaca
5. Los infartos
6. Los consejos
7. ¿Cuándo acudir al médico?
1. Respuestas agudas al
ejercicio
El corazón es la clave de la función cardiorrespiratoria,
cuyo límite funcional se superpone con la máxima capacidad para mantener el esfuerzo,
tanto a nivel máximo como al nivel submáximo más elevado posible.
La eficiencia del aparato cardiorrespiratorio depende de la integración de la función
respiratoria, la función cardiovascular, elementos sanguíneos (glóbulos rojos) y del
funcionalismo de diversos componentes celulares para utilizar el oxígeno durante el
ejercicio.
1.1. Aumento de la frecuencia cardiaca
Cuando percibimos la inminencia de una acción, la
frecuencia cardiaca supera en diez o veinte pulsaciones por minuto los valores de reposo
como respuesta al estímulo adrenérgico (dependiente de la secreción de adrenalina),
que hace que el organismo entre en estado de alerta, forzando la atención y modificando
la dinámica cardiorrespiratoria.
Al continuar el esfuerzo el número de pulsaciones por minuto continúa aumentando
aunque más lentamente, no sólo por la estimulación adrenérgica, sino también por la
distensión mecánica que produce el aumento de sangre que llega a la aurícula derecha,
por el aumento de la temperatura corporal o por el aumento de la acidez sanguínea.
En el caso de hombres jóvenes, de unos treinta años, el crecimiento de la
respuesta de las pulsaciones frente al ejercicio dinámico, es directamente proporcional a
la intensidad del trabajo hasta 120-170 ciclos por minuto, cifras que corresponden
aproximadamente al 60-85% de la frecuencia cardiaca máxima teórica.
Cuando el nivel de esfuerzo presenta una exigencia superior al 90% del consumo máximo de
oxígeno, la frecuencia cardiaca ya no suele modificarse a pesar de un incremento en la
carga de trabajo.
La frecuencia cardiaca más elevada alcanzada durante el esfuerzo máximo en una prueba de
esfuerzo es uno de los parámetros utilizados en la evaluación de la aptitud física. Una
aproximación correcta para el cálculo de la frecuencia cardiaca máxima teórica se hace
por medio de la sencilla fórmula de 220 menos la edad.
Al final de toda actividad física, la frecuencia cardiaca va retornando hacia los
valores de reposo al recuperarse la acción vagal, y posteriormente lo hace en
función del descenso de la actividad metabólica muscular.
1.2. Aumento del gasto cardiaco
El gasto cardíaco se obtiene multiplicando el volumen
de sangre que es expulsado a través de la arteria aorta en cada contracción del corazón
(volumen sistólico o de eyección) por el número de veces que lo hace en un minuto
(frecuencia cardiaca), de modo que expresa el rendimiento del corazón como bomba
rítmica. Puede pasar de 5 litros en reposo, a 20 ó 30 litros/minuto en esfuerzos
considerables.
El gasto cardíaco aumenta en respuesta al incremento de la intensidad del ejercicio,
pero llegando a niveles de esfuerzo próximos al agotamiento, el corazón no puede
contraerse más allá de una frecuencia (pulsaciones por minuto), resintiéndose la
eficacia del bombeo de sangre y quedando parcialmente desabastecida la demanda de
oxígeno.
Aquí reside el principal límite de la función cardiorrespiratoria para continuar
un ejercicio intenso.
1.3. Aumento de la tensión arterial
La tensión arterial determina la presión con que
están siendo irrigados los órganos en los dos momentos de la actividad cardiaca: la
sístole o contracción que impulsa la sangre y la diástole o relajación que facilita el
llenado cardiaco, por lo que hablamos de tensión o presión sistólica o
"máxima" y de tensión o presión arterial diastólica o "mínima".
Un individuo adulto, varón, de edad media, puede alcanzar en un esfuerzo máximo una
presión sistólica o "máxima" entre 180 y 220 milímetros de mercurio.
Mientras que la presión diastólica o "mínima" apenas se modifica.
2. Adaptaciones del
organismo y beneficios
2.1. Descenso de la frecuencia cardiaca
Transcurridas diez semanas de preparación física no es raro
constatar que las pulsaciones en reposo, siendo anteriormente 72 por minuto, a título de
ejemplo, caen a 65 o menos, reflejando el aumento de la eficiencia cardiaca de bombeo.
La razón hay que buscarla en el predominio que instaura el tono neurovegetativo vagal en
el nódulo sinusal, que es el marcapasos natural del corazón. De alguna manera el
corazón se "estresa" menos ante cargas de trabajo que antes (cuando no
estaba entrenado) consideraba difícilmente realizables.
El descenso de la frecuencia cardiaca durante el entrenamiento constituye un signo de
progreso del mismo.
2.2. Descenso de la tensión arterial
La tendencia a largo plazo, es que la tensión sistólica o
"máxima" descienda y que la tensión diastólica o "mínima" se
mantenga en los sujetos entrenados, en contra de la propensión al alza que ocurre
asociada a la edad.
2.3. Tamaño del corazón
El volumen del corazón de los deportistas, estimado en una
radiografía de tórax (silueta cardiaca), apenas sufre modificaciones a menos que el
programa de actividades sea muy intenso y prolongado.
3. Los extrasístoles
El corazón se contrae y se relaja con una asombrosa
regularidad, se suceden de forma ininterrumpida las secuencias: "golpe-pausa
","golpe-pausa","golpe-pausa "...
De vez en cuando puede "colarse" una contracción en la secuencia normal, es
decir tendremos una contracción a la que no le sigue una relajación:
"golpe-golpe-pausa", estamos ante un EXTRASÍSTOLE.
Si en un minuto tenemos tres o más extrasístoles o éstas aparecen, no de forma
esporádica, sino frecuentemente, hay que consultar al médico.
4. El umbral anaeróbico y la
frecuencia cardiaca
El organismo obtiene la energía necesaria para realizar el
ejercicio físico de los alimentos gracias a reacciones químicas (metabolismo) que
se pueden desarrollar en presencia de oxígeno (aeróbico) o en ausencia de
oxígeno (anaeróbico).
La energía obtenida en condiciones aeróbicas es "ecológica",
"duradera" y "reciclable" (no produce residuos); mientras que la
energía obtenida en condiciones anaeróbicas es de mayor "octanaje" pero
produce "residuos" (el lactato), que se acumula en la sangre y cuando
alcanza niveles elevados trae consigo el bloqueo del mecanismo de producción de la
energía, es decir la finalización del ejercicio físico.
Si el ejercicio iniciado es suave, casi todo el metabolismo es aeróbico, a medida que la
intensidad aumenta crecen el metabolismo anaeróbico y la concentración de lactato en
sangre. Si la intensidad del ejercicio sigue aumentando hay un punto en el que la
concentración de lactato se dispara, su aumento a partir de ese momento ya no es
geométrico sino exponencial; a ese punto se le llama umbral anaeróbico. Podemos
considerar que el ejercicio realizado por debajo de este umbral es básicamente aeróbico
y el realizado por encima básicamente anaeróbico.
El umbral anaeróbico se corresponde con una frecuencia
cardiaca, de forma que la simple "toma de pulsaciones" nos indica qué
tipo de trabajo estamos realizando. Así un deportista de élite que tenga un umbral
anaeróbico entre 165 y 170 pulsaciones por minuto puede trabajar hasta llegar a esas
pulsaciones sin que el lactato se acumule de forma preocupante.
Una persona que se inicie en el mundo del deporte tendrá un umbral anaeróbico entre 140
y 150 pulsaciones por minuto, y si continua entrenando este umbral aumentará, es decir
podrá ejercitarse a pulsaciones más altas sin entrar en metabolismo anaeróbico, sin que
el lactato se acumule y le juegue una "mala pasada".
El umbral anaeróbico se puede determinar mediante una espirometría o un test
de lactato. La espirometría es un estudio donde se relacionan el CO2 que se expulsa,
el oxígeno que se toma, la frecuencia cardiaca y el ejercicio físico.
En el test de lactato se realizan determinaciones de lactato (o ácido láctico) en
diferentes momentos del ejercicio físico para descubrir cuándo empieza a acumularse.
5. Los infartos
Llamamos "angina de pecho" al sufrimiento
por falta de oxígeno que no produce lesión en el tejido cardíaco, y hablamos de "infarto
de miocardio" cuando la situación de falta de oxígeno produce la muerte
(necrosis) de dicho tejido.
La gravedad del cuadro (desde sensación de mareo, palidez o amoratamiento de los labios
hasta la muerte), vendrá determinada por la extensión de la lesión. La disminución
de oxígeno en las células cardíacas de los deportistas se suele producir por:
- La falta de relajación del corazón: recordad que el corazón se nutre de sangre en la
fase de diástole, si la frecuencia cardiaca aumenta mucho o aparecen bastantes
extrasístoles, esta fase es muy corta y no hay tiempo para que el tejido cardíaco se
abastezca de oxígeno.
- La migración de sangre hacia otros tejidos: por ejemplo, después de una comida
copiosa, la sangre se va al tubo digestivo para "cargarse" de nutrientes dejando
con una irrigación pobre al corazón. Si esto ocurre cuando el corazón se está
recuperando de un esfuerzo intenso (después de una maratón) las consecuencias pueden ser
graves.
6. Los consejos
- Calentad también el corazón, no lo coloquéis de
forma brusca a 180 pulsaciones por minuto.
- Tomaros las pulsaciones al acabar, al minuto, a los 2 minutos y a los 3 minutos
de finalizar el ejercicio. Al acabar podéis tomar las pulsaciones en 15 segundos y
multiplicarlas por 4, o en 30 segundos y multiplicarlas por 2.
Es recomendable que a los 3 minutos estemos por debajo de 120 pulsaciones por minuto. Si
tienes pulsómetro la cosa se simplifica.
- Procurad que el corazón se recupere, sólo tenemos uno y es para toda la vida.
No entrenéis dos días seguidos a pulsaciones muy altas (más de 170 pulsaciones por
minuto).
- No hagáis comidas copiosas después de grandes esfuerzos.
7. ¿Cuándo acudir al
médico?
Tenéis o habéis tenido alguna enfermedad del aparato
cardio-circulatorio:hipertensión arterial, fiebre reumática, soplos cardíacos...- Si
existe algún familiar cercano con alguna enfermedad del aparato
cardiocirculatorio.
- Si observáis tres o más extrasístoles en un minuto o si éstos aparecen de
forma frecuente.
- Si observáis palpitaciones, sensación de ahogo o sensación de mareos
inexplicables.
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