| cuando los niños juegan |
| Por: Silvia Sáez |
| Introducción Jugar es la actividad
central en la vida de los niños. Cuando los chicos juegan, construyen su mundo y se
construyen a sí mismos. El juego es una conquista en el duro camino de la independencia. No es algo natural que el niño hace por ser niño. Ha implicado para él un trabajo enorme de separación subjetiva, psicológica y de integración en el mundo social. La tarea más importante de todo ser humano consiste en poder encontrar un lugar en el mundo. Para ello deberá atravesar primero una separación inevitable, la del nacimiento. Pero a esta primera separación biológica deberá continuar el largo camino de la separación psicológica. En ese espacio potencial que se abre y se amplía progresivamente entre el niño y su madre, ingresa la cultura. El juego, así también como el lenguaje, la imitación y el dibujo serán la manifestación más directa del progreso simbólico en el niño, es decir, de poder representar la ausencia, primero de su madre y luego de los otros seres y objetos significativos para él. Ya no necesitará ver o tomar los objetos para saber de su existencia. Podrá nombrarlos, representarlos, dibujarlos, es decir, podrá recrearlos en su mundo interno. Lo más importante y vital del juego es, pues, esa capacidad que se adquiere para la transformación de la realidad. Una transformación que tiene en cuenta los elementos de la realidad, que no se aparta totalmente de ella pero le imprime un modo particular de percibirla, de reconstruirla y volverla habitable. La capacidad creadora es entonces... "esa capacidad poco común... de transformar en terreno de juego el peor de los desiertos". De esta manera maravillosa, Michel Leiris, expresaba su idea acerca de la posibilidad de crear. Deja plasmado en una metáfora deliciosa lo esencial del acto creador: su relación con el jugar. Jugando a ser grandesEn el terreno de juego, a su vez, es en donde el niño va adquiriendo experiencia. "Así como la personalidad de los adultos se desarrolla a través de la experiencia en el vivir, del mismo modo la de los niños se desarrolla a través de su propio juego". Freud decía que los niños juegan a ser grandes, intentan por esta vía comprender los distintos roles que los adultos asumen socialmente. Pero hay algo más... es a través del juego como los niños logran desdramatizar una realidad que puede volverse incluso intolerable. Los miedos en los niños, sus angustias nos hablan de una infancia que no es la que se sostiene míticamente en la sociedad, esa infancia dorada de los sueños, esa parcela de vida ideal que hemos perdido. Se enfrentan, como los adultos, a la dureza de la angustia que puede producirse por múltiples situaciones y por una en particular que es inevitable: saber que poco a poco deberán despegarse de esa imagen de los padres omnipotentes para comenzar en algún momento a producir en soledad. Si los niños tienen la oportunidad de desarrollar esa zona de juego que Winnicott ha denominado experiencia transicional, habrán ganado como él lo expresa, el capital más importante, "sentir que la vida vale la pena de ser vivida". El juego y sus etapasLos niños
comienzan a jugar a muy poco tiempo de nacer, en consecuencia, las características del
juego infantil irán variando en el largo y complejo transcurso del desarrollo. Durante el primer mes de vida, el bebé ocupa la mayor parte de su tiempo durmiendo. Se encuentra, fundamentalmente, entregado a la tarea de adaptarse a la vida extrauterina intentando mantener el equilibrio de su cuerpo que tan a menudo pierde a través del llanto, del hambre, del sueño, del malestar. Depende para ello, en absoluto, de su madre. Durante estas primeras semanas no se puede considerar aún que el niño juegue, más bien, el bebé "es jugado" por otros. Los papás comienzan a advertir que hay determinados juegos que estimulan a su hijo pues son acordes a sus logros evolutivos. El bebé de cuatro semanas posee movimientos corporales involuntarios y reflejos, no pudiendo aún sostener su cabeza. Sus puños permanecen todo el tiempo cerrados. Puede fijar la mirada en un estímulo visual por unos segundos y buscar con ella una fuente de sonido. Así, por ejemplo, jugar a mecer al niño con determinado ritmo, cantarle suavemente para que se oriente hacia la voz, colocar algún objeto móvil de color llamativo para que fije su mirada en él, intentar sentarlo tomándolo de las manos para que vayan fortaleciendo los músculos de su cabeza, son juegos de gran beneficio e importancia vital para el niño pues el contacto con él dará lugar al desarrollo del apego y de la conducta social. En consecuencia, los juegos de mayor importancia a partir de este primer momento de la vida y durante todo el primer año del niño, serán los que podríamos llamar "juegos piel a piel" ya que el bebé necesitará tiempo para elaborar la separación del útero materno. De 2 a 4 mesesA partir del
segundo mes de vida y hasta el año y medio, el niño comenzará a desarrollar un juego
que puede llamarse "juego funcional" o "juego de ejercicio" y que
tiene por finalidad la repetición de determinada acción "una y otra vez" por
el placer que se desprende de la acción misma y también por el placer que le otorga al
niño el poder que ha logrado sobre una adquisición. Veamos, entonces, cómo varía con
el desarrollo este tipo de juego. De los cuatro a los ocho meses de vida los progresos en el desarrollo han sido notables. El bebé comenzará a redescubrir el mundo ya que logra erguirse en sus miembros superiores, girar alternadamente su cabeza hacia ambos costados y rolar con su cuerpo en el espacio. Hacia el quinto mes aprenderá a tomar los objetos voluntariamente con sus manos y en el sexto mes habrá adquirido la posibilidad de permanecer sentado sin ayuda. El autoconocimiento de su cuerpo se amplía significativamente ya que puede llevarse a la boca no sólo las manos sino también los pies. Los papás se sienten tentados en esta etapa a colocar al niño frente al espejo por lo cual sentirá gran júbilo aunque todavía no reconozca que esa imagen le pertenece. El bebé logra imitar los juegos de mover las manos que le proponen sus papás u otros juegos de gestos y sonidos. Los juegos con el lenguaje también toman relevancia pues el bebé comenzará a balbucear, es decir, a repetir series de consonantes y vocales que utilizará para jugar y para comunicarse. En esta etapa el juego del niño también consistirá en el ejercicio de su movimiento, pero a diferencia de la etapa anterior, su juego ha incorporado los objetos. Jugará, entonces, a agitar, golpear, frotar, arrojar sus juguetes. Hará sonar una y otra vez un sonajero u otro objeto que casualmente ha aparecido en su mano aunque todavía no busque el objeto para ese fin. Ahora los papás podrán ofertarle nuevos juguetes atractivos que pueda llevar a la boca, cintas de colores, cascabeles, papeles para rasgar, arrugar y hacer sonido, etc., e incluso podrán jugar a que el niño pueda tomarlos por sí mismo. Es en esta etapa cuando comienza a producirse una "suave diferenciación" de su mamá, cuyo rostro explorará táctil y visualmente comenzando a distinguir los rostros familiares de los que no los son. Es importante reconocer en esta etapa cómo los objetos ingresan en el espacio de separación y diferenciación que lentamente comienza a abrirse entre el bebé y su mamá. De 8 a 12 mesesLa etapa que va
desde los 8 meses a los 12 meses de vida, marca una notable diferencia respecto del grado
de expansión y mayor autonomía que logra el niño para la conquista del mundo. El bebé
comenzará gateando (aunque no todos atraviesen esta etapa), luego podrá mantenerse
parado y finalmente alcanzará el logro más importante del primer año de vida, es decir,
comenzará a caminar. Esto hará que logre la diferenciación corporal de su mamá y, en
consecuencia, podrá advertir con facilidad a los conocidos de los que no lo son. Es el
momento "tan conocido" por los padres como la angustia del octavo mes. El niño
jugará a alejarse de la madre pero teniéndola siempre como "base de
operaciones", volviendo a ella para reabastecerse afectivamente. De los 12 a los 18
meses el niño se muestra como un explorador sumamente activo en su entorno y con una gran
necesidad de investigación de sus habilidades y también de todo lo que lo rodea. El
juego exploratorio del niño se repetirá también incesantemente pero no sólo para
afianzar lo que ha conquistado sino para obtener resultados nuevos. Si tuviéramos que
definir la conducta del niño en esta etapa diríamos que se comporta como un
"pequeño científico". El interés por su cuerpo continúa acrecentándose para
recaer en todos los orificios corporales. Su juego exploratorio consiste en meter sus
deditos en los ojos, los oídos, las bocas. Su interés por los agujeros corporales se
desplaza, a su vez, a los objetos. Es cuando el niño queda atrapado observando y
experimentando con las rejillas, los caños, las cerraduras... Descubre en este tiempo que
hay objetos huecos que pueden contener otros adentro más pequeños y se interesa mucho en
ello. En esta etapa los papás pueden ofrecerle bolsas o recipientes que contengan dentro
otros juguetes para que su hijo juegue a "meter y sacar", juego que inaugura el
futuro "dar y recibir". Su inquietud por saber qué hay dentro de su cuerpo y,
en consecuencia, dentro de los objetos, hacen que sea muy destructivo y rompa sus juguetes
por el sólo hecho de "ver". Entre los 18 meses
y los 2 años el niño ha aprendido a subir y bajar escaleras, caminar para atrás,
manipular con destreza objetos pequeños, hacer torres, abotonar y desabotonar... En esta
etapa los papás juegan con su hijo a lanzar, atrapar una pelota, ofrecerle prendas con
botones o lápiz y papel para dibujar. La curiosidad infantil sobre el cuerpo se acentúa
y se centra, ahora, en los contenidos de su cuerpo: la orina y las heces. Los juegos con
arena, arcilla, tierra, son sus preferidos pues representan sus productos corporales. Es
en este momento cuando el niño comienza a desarrollar el juego de trasvasar, es decir, de
hacer pasar el contenido de un recipiente a otro. Su juego tiene un enorme sentido: el
niño se prepara para poder ofrecer a voluntad lo que sale de su cuerpo. Será el momento
en que está disponiéndose para el control de esfínteres. Desde los 3 hasta
los 5 años el niño multiplica y potencia sus posibilidades motoras, cognitivas,
lingüísticas, sociales y juega con todas ellas. El control progresivo del equilibrio y
el dominio de los movimientos de su cuerpo, hacen que el niño disfrute corriendo,
saltando, trepando, arrastrándose, girando, bailando... Se divierte enormemente con
canciones, rimas, poesías, trabalenguas, adivinanzas... Le gustan los juegos que le
permiten reconocer, y aparear colores, formas, tamaños. Las letras y los números
comienzan a interesarlo pues el niño los descubre en su mundo familiar y social empezando
a construir muchas hipótesis en relación a estos dos objetos de conocimiento. De los 7 años en adelante el juego infantil que había incorporado las "reglas" hacia el final de la etapa anterior, hace que el niño comience a interesarse por un juego que se llama "juego de reglas" o "juego social". Tampoco ahora el niño abandona "para siempre" los juegos de ejercicio o los juegos de roles. De hecho, es muy común observar que los niños juegan, por ejemplo, a saltar sólo porque les gusta o bien a representar escenas dramáticas. Pero el juego de reglas cobra ímpetu debido a la construcción que el niño hace en esta etapa respecto de lo "prohibido y lo permitido". Aparece una amplia gama de juegos tales como las carreras, el poli-ladron, los juegos de mesa... El éxito de estos juegos depende de cómo todos se han ceñido a las reglas. Aparece también el interés por los deportes, ya que éstos dan a los niños dos posibilidades: organizar un juego en relación a un conjunto de normas socialmente consensuadas y al mismo tiempo, poner a prueba la fuerza y la habilidad corporal que tienen en este período y que vuelve a ocupar un lugar de interés para los niños. Los padres pueden estimular a sus hijos para su participación en alguna actividad deportiva siempre y cuando el niño también lo desee. Sin duda, la preocupación por la fuerza corporal en este período conlleva un sentido sexual, pues hacia el final de esta etapa los niños comenzarán a atravesar la pubertad. PubertadLa pubertad y la
adolescencia inauguran una nueva e importantísima fase en el desarrollo. Dice Arminda
Aberastury: "Si en el comienzo de su vida el niño pasó del juego con el cuerpo al
juego con los objetos, ahora irá abandonando estos objetos para orientarse nuevamente y
de un modo definitivo hacia su cuerpo y el de su pareja. Desprenderse de los juguetes
exige del niño una larga labor de duelo. Vemos adolescentes que guardan algunos juguetes
que no los utilizan para jugar. A partir de los diez u once años la niña y el varón
buscan agruparse. Los varones se rodean de varones y las niñas de niñas, porque
necesitan conocerse y aprender las funciones de cada sexo..." Abandonan
paulatinamente el mundo de los juguetes pues serán sustituidos por las experiencias
amorosas.
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