LA CONCENTRACIÓN EN EL TIRO

 

 

 

El deporte del Tiro se distingue especialmente del resto de los deportes en que mientras estos se caracterizan por el movimiento, una actitud mecánica en la lucha contra el tiempo o el espacio, en el tiro se trata justo de todo lo contrario, mantenerse quieto, lo que significa ni dormido ni demasiado relajado,  provocando también una disminución de la consciencia y una deficiencia en la percepción de los estímulos y de la atención general,para potenciar otra.

Defininamos la Concentración como la focalización de la atención en aquellos aspectos que son relevantes para la tarea que desarrollamos.

En el caso del tiro todos estos aspectos se pueden resumir en cuatro bloques de atención:

  • 1- Postura y selección del área de tiro.
  • 2- Mantenimiento de una correcta sujeción del arma (firmeza y duración).
  • 3- Acción sobre el disparador.
  • 4- Verificación intrínseca y extrínseca del resultado.

Los tiradores más experimentados advierten estados de pérdida de concentración y saben que ésta es una cualidad fundamental para tirar bien; lo que no está tan extendido es la manera de entrenarla o recuperarla una vez que se pierde por cualquier motivo. El primer caso para modificar algo que no es efectivo es, por supuesto, darse cuenta de que ello es así, es decir, tomar conciencia del hecho.

Luego hay que atribuir resultado, positivo o negativo, una causa, analizarla y ponerle una solución; alrededor de este punto gira una complicada teoría, la de la Atribución Causa según la cual la consideración de la causa a la que el deportista atribuye un éxito o un fracaso marca la estrategia o procedimiento a seguir con ese deportista para modificar la conducta seguida, si es perniciosa, repetirla si es positiva. De una forma o de otra el tirador debe contar con unas herramientas a su disposición o con unas ayudas que le resuelvan su problema.

Tradicionalmente el que practica tiro se fija en soluciones que otros tiradores aplican o cuenta con la ayuda de un entrenador que le indica otras, fruto de su experiencia. Tal ejercicio modelado no siempre es efectivo puesto que cada tirador tiene su particular problema y por ello necesita su solución particular.

Es él, el que tiene que descubrirlo con una auto-observación constante y una actitud sincera de análisis interno, tratando de descubrir las verdaderas causas de su comportamiento y el resultado obtenido. Para ello ofrecemos los Autoregistros como una potente técnica para mejorar la Toma de Conciencia. Cuando esta se ejercita de forma continuada, indirectamente la concentración también mejora pues el deportista sabe en que tiene que centrar su atención en cada momento preciso.

Los errores mentales y físicos son inseparables y, normalmente, los segundos son consecuencia de los primeros. Y estos se derivan de una falta de atención o de distracciones aunque también son causados por el estrés, la responsabilidad, la preocupación y la presión de las competiciones.

A veces son los mismos entrenadores, jefes, directivos o profesores los que aumentan alguna de estas causas; con frecuencia las riñas, los comentarios degradantes antes o después de la competición, los gritos durante la actuación o la propia actuación del entrenador durante el ejercicio contribuyen a generar estrés y nerviosismo. La primera consecuencia es que el deportista desvía su atención hacia sí mismo, hacia el entrenador o hacia el contenido de lo que se le ha dicho o se le está diciendo, por lo que su rendimiento baja.

Así, un tirador debe ser capaz de mantener su atención centrada en los elementos de puntería, en el blanco o en la acción del dedo sobre el gatillo, según corresponda; si otros agentes le distraen, la probabilidad de error aumentará.

De igual forma, un disparo mal efectuado no debería afectarle para otros; su actitud mental le ha de permitir estar concentrado en el presente y sus pensamientos deben estar controlados.

Otro error típico del tirador es el de pensar en el resultado del conjunto de la tirada. Debe concenciarse de que si hace lo que tiene que hacer el resultado le acompañará. ¡Cada disparo es una competición!.

También produce un nocivo efecto al pensar en las consecuencias del resultado final.

A veces esas consecuencias son evocadas por el entrenador, el presidente del club o, en nuestro caso, por los jefes. El exigir un resultado o clasificación y sumar responsabilidades a las que el propio deportista asume no hace sino agravar la situación. Sin embargo si esto e hace con la antelación suficiente para que el tirador pueda digerirlo y ponerle remedio puede ser muy efectivo pero ¿Nunca inmediatamente antes ni durante la competición!.

SE HACE NECESARIO DEFINIR LA CONCENTRACION EN CADA CASO CONCRETO.

No sirve de nada decirle a un tirador: ¡Concéntrate! Hay que decirle cómo y en qué. Son los entrenadores los que deben definir el qué pues se trata de aquellos puntos o aspectos técnicos interesantes en los que el tirador se debe fijar. El cómo corresponde al propio sujeto y en el mejor caso la ayuda de una psicólogo deportivo le puede resultar definitiva.

Definida la Concentración como la focalización de la atención en aquellos aspectos que son relevantes para la tarea, solo nos queda establecer cuales son esos aspectos y el momento oportuno de su consideración. Esto, como decíamos, debe corresponder a quien tenga los conocimientos técnicos necesarios que, normalmente, será el entrenador o el propio deportista. Insistimos en que es muy prudente no admitir soluciones particulares de otros compañeros que obtienen mejores resultados.

Como señalé más arriba,en el caso del tiro todos estos aspectos se pueden resumir en cuatro bloques de atención:

  • 1- Postura y selección del área de tiro.
  • 2- Mantenimiento de una correcta sujeción del arma (firmeza y duración).
  • 3- Acción sobre el disparador.
  • 4- Verificación intrínseca y extrínseca del resultado.

Estos bloques tratamos de desarrollarlos en nuestros autoregistros técnicos y psicológicos.

El proceso de toma de conciencia del estado de relajación y atencional del tirador en los momentos previos a la competición se puede ver facilitado con el desarrollo de la técnica de Concentración de Expansión de la Conciencia, con ella el deportista percibe su estado corporal y mental y "calienta" su atención llevándola a distintos puntos que su propia situación le proporciona. También con el ejercicio de Relajación Progresiva de Jacobson; pero aconsejamos que éste se lleve a cabo sólo en los entrenamientos. La realimentación propioceptiva (feedback intrínseco) de nuestro estado corporal se puede percibir por sensaciones subjetivas, pero es mucho más eficaz cualquier valoración objetiva y para ello se dispone actualmente de técnicas de Biofeedback, con ayuda de un electromiógrafo, por ejemplo.

La acción del dedo sobre el disparador ha de ser independiente, ello implica una acción muscular muy precisa y la inhibición de otros músculos mayores del cuerpo que lo único que producen son movimientos parásitos que perjudican la estabilidad de la postura o provocan tensiones que se liberan cuando se produce el disparo, cuando se desbloquea una articulación o cuando el tirador se relaja, confía o pierde momentáneamente la atención. Tal hecho de activar un músculo mientras otros están relajados puede parecer una empresa difícil y para algunos imposible, sin embargo, con el desarrollo de ejercicios de relajación diferencial se vuelve un proceso automático. El tipo de concentración requerido para esta tarea exige un enfoque interno y estrecho ( tan sólo dos estímulos, dedo y esquema corporal y dirección interna).

En realidad, no es posible que un mismo sentido preste atención a dos estímulos a la vez pero si es posible y muy eficaz que el cambio del foco de atención se realice de forma muy rápida, de un estímulo a otro; esto es lo que en realidad se puede entrenar con ejercicios que ni siquiera tengan que ver con el tiro.

Una vez efectuado el disparo la atención se amplia, pasando a ser amplia-interna y estrecha-externa para poder evaluar las sensaciones personales y la reacción del arma. Todo ello implica una coordinación de gestos, actitudes y sucesos que dan al tirador una información subjetiva de la acción del disparo. Esa información ha de ser contrastada con otra objetiva procedente de medios externos: aparatos electrónicos de visión que existan en la galería, catalejos, el propio entrenador, paleteo o, simplemente acercándose al blanco y viendo los impactos.

La forma de llevar a cabo este contraste de información interna y externa no siempre se hace de forma correcta y oportuna, así el tirador en vez de evaluar adivina el resultado o está más pendiente de la pantalla de vídeo que de la reacción del arma lo que no le va a permitir afrontar con garantía el siguiente disparo puesto que no ha "aprendido" nada del anterior. Así, ha de ser preceptivo que tal proceso de información (feedback intrínseco y extrínseco) se lleve a cabo ¡siempre! y de forma correcta; así, el tirador estará en condiciones de adquirir un esquema motor correcto, de fijarlo en su cerebro y poder repetirlo en futuras ocasiones.

Cuando hayamos logrado establecer un alto porcentaje de correlación entre "nuestra" evaluación del resultado y la verificación externa del mismo estaremos en un momento de dominio técnico del tiro que redundará en un aumento de la propia confianza que nos va a permitir realizar correcciones precisas en momentos "delicados", aumentando también nuestra sensación de control de la situación y disminuyendo, en consecuencia nuestra ansiedad competitiva.

Cierto es que el control de una situación exige antes el control de nosotros mismos. Lo que en un entrenamiento parece sencillo y asequible, en competición se vuelve inalcanzable. Es como si nuestra personalidad se desdoblara en dos y, de alguna manera, una se hiciera enemiga de la otra. El control de nosotros mismos pasa por conocernos conocer los rasgos de la "parte enemiga", dominarla y ponerla de nuestro lado. Como llegar a ello es una labor de entrenamiento, de autoaceptación, de actitudes mentales positivas en todos los órdenes de la vida, de pensamientos y sentimientos controlados mediante técnicas propias de la psicología cognitiva.

LOS PENSAMIENTOS Y SU INFLUENCIA EN LA CONCENTRACIÓN.

El hecho de saber lo que nos ocurre, porqué nos ocurre y qué podemos hacer para remediarlo supone el trabajo central de todo entrenamiento psicológico en deporte. El tirador ha de ser capaz de describir verbalmente todos los fenómenos que se dan durante el tiro. Ello supone el principio de una mejora y un buen planteamiento de dicha preparación psicológica.

"Los pensamientos tienden a provocar aquello que significan" por lo que en nuestro diálogo interno habremos de tener cuidado a la hora de expresar nuestras intenciones y objetivos, haciéndolo de forma positiva, por ejemplo: "Tengo que respirar mejor...", "asegura la posición", "relájate", etc... en vez de otros de índole negativa: "No debo fallar..." "No tengo que pensar en el resultado..." "No tengo que ponerme nervioso".

Por supuesto que los pensamientos deben estar dirigidos a la propia ejecución pues esto es lo que está única y absolutamente bajo el control del propio tirador. Ni la de otros competidores ni el resultado, siempre incierto, lo están.

La Concentración, durante una tirada, fluctúa del tirador (interna) hacia otros aspectos externos como características de la galería, condiciones climatológicas.... De hecho es bueno que así sea, pues mantener la atención centrada en un solo aspecto es contraproducente pues en el tiro son más de uno los factores que influyen; asimismo, no es nada fácil estar concentrado exclusivamente en un único factor durante un tiempo prolongado.

Decimos que un tirador ha perdido la concentración cuando ha dejado de prestar atención a los aspectos que importan para tirar bien. El profundo conocimiento de uno mismo, de sus pensamientos y sentimientos garantiza, en forma de alarma, el darse cuenta de la pérdida de concentración en un momento dado. De todos los estímulos internos en forma de pensamientos que pueden existir en una situación de competición los podemos agrupar en tres categorías:

  • A- Los verdaderamente relevantes para una buena ejecución del tiro. Estos serían aquellos que tienen una influencia final en algún aspecto técnico, que ayude por sí mismo a que tal disparo sea una diana en el momento de apretar el disparador.
  • B- Otros de tipo neutro, que no tienen una transcendencia favorable ni desfavorable para un correcto desarrollo de la tares. Estos pueden ser pensamientos distractores de índole profesional, familiar, afectivos o de relación ocurridos en el pasado o proyectos para el futuro. También hay distracciones materiales durante el desarrollo del campeonato como pensar en el arma o munición que emplea otro competidor, un sector del público o algún aspecto sorprendente de las instalaciones.
  • C- Aquellos otros que sí influyen negativamente en la buena ejecución, que nos ponen nerviosos, nos restan confianza o nos desmotivan. Son de carácter muy íntimo y van asociados a sentimientos de temor, duda, responsabilidad, prestigio, incertidumbre, etc.

Esta escueta clasificación nos clarifica que una concentración de calidad exige prestar atención a estímulos de tipo A mientras estamos en situación de tiro. Los del tipo B se pueden aceptar en momentos de descanso pero los del tipo C no deberían tener acceso mientras dure la competición. Si ello ocurre es que la preparación previa al campeonato no es la correcta en aspectos generales de la misma.

LA CONCENTRACIÓN DURANTE LA ACCIÓN DE DISPARO.

Como consecuencia y resumen podríamos decir que el momento crucial del tirador reside en la acción de disparo. Dividimos a esta en tres partes: parada, puntería y disparo. Cada una de las partes tiene una duración y unos requisitos en la secuencia de tiro propios de cada tirador. En nuestro esquema la figura nº1 presentamos un caso normal pero nunca ejemplar.

 

 

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