Me pareció interesante compartir con los
lectores de este newsletter este E-mail, que el Doctor Angel Augusto Lois envió al
conocido periodista argentino Luis Majul. Este email, es coherente con nuestra filosofía
de tratar que la opinión publica y en especial los comunicadores sociales que
tanto la influyen, dejen de culpar a estos objetos inanimados, las armas, de todos los
males de la sociedad.
Estimado Luis y equipo: En primer lugar una sugerencia... porqué no enviar diariamente
a todos los que estamos registrados en vuestra Libreta de Direcciones las preguntas del
Foro para que éstas puedan ser respondidas más tarde desde el lugar en que disponemos de
la PC?
Las respuestas se recibirán a posteriori del programa, pero podrían servir para
refrendar las recibidas... si es que ustedes finalmente hacen alguna evaluación o
estadísticas de las mismas. Este sistema sirve además para responder más pensadamente
las preguntas.
Les comento, y a partir de éste comentario imaginarán a que me referiré, que los
escucho diariamente entre las 6.50 y las 7.25 mientras en "mi cueva" armo
pacientemente las balas que dispararé el domingo en el polígono... por lo tanto no puedo
distraerme en intentar llegar telefónicamente y menos aún "cibernéticamente".
Acertaron!!! Me parece un absurdo descabellado y aún más una hipocresía pensar que el
aumento de penas para los delitos con armas de fuego pueda disminuir el índice de
delincuencia y menos aún frenar la "compra de armas...
"Para frenar la delincuencia no es necesario aumentar las penas sino hacer
cumplir efectivamente la ley, porque por dura que ésta sea, sino se cumple, el
delincuente sigue delinquiendo.
Me quiero imaginar que ustedes sabrán que los delincuentes no compran las armas en una
armería, ni se registran en el RENAR ni tramitan una Portación legal...
Las armas se las proveen en el "mercado negro", del que muchos hablan pero nunca
lo inhabilitan..., o los delincuentes de más "categoría" las alquilan para
"trabajos" específicos.
La compra de armas... dividamos en éste caso el tema... habemos civiles que las compramos
habitualmente para disfrutar de nuestro deporte, el cual conlleva un permanente y estricto
entrenamiento no sólo en su manejo sino en la seguridad para nosotros y quienes nos
rodean.
Los de éste grupo, seguiremos siempre comprando armas... mientras la economía de éste
país lo permita.
El otro grupo de "compradores" está constituido por personas que asustados por
el elevado índice de inseguridad piensa que con un arma estará más seguro... y en éste
caso la realidad tal vez sea la opuesta, porque esa gente compra compulsivamente un arma
por temor y no por "amor" como en el grupo anterior.
Esa gente seguramente sería más feliz comprando una bicicleta o un equipo musical
antes que un arma. Considero que aunque pasen exitosamente el examen psicofísico
necesario para estar en regla, no tienen la "mentalización" de un tirador
deportivo.
A éste grupo de gente lo "eliminaremos" el día que en éste país TODOS!!! nos
pongamos las pilas, comenzando por nuestros gobernantes, y se hagan cumplir las leyes
CAIGA QUIEN CAIGA!!! como muchas veces nos recitaron vana y melifluamente... Convengamos
que a nosotros, tiradores, ésta gente no nos sirve ni nos interesa porque no son ni
serán deportistas y por sobre todo están más expuestos a "accidentes" que
posteriormente serán mal utilizados por la prensa para capitalizar
"pseudoopiniones" acerca de la "peligrosidad extrema de las armas"...
En éste caso, amigos, LA CULPA NO ES DEL CHANCHO...Ahora yo les pido a ustedes, personas
brillantes e inteligentes que me expliquen la razón de insistir con esa musiquita de que
"la gente no debe tener armas"... o porqué cada vez que se "quiere acabar
con la violencia" se miran "golosamente" los archivos del RENAR en lugar de
salir a recorrer las calles y tugurios...Creo que en esa línea argumental deberíamos
incluir a los automotores, canchas de fútbol, elementos de cocina, bates de béisbol,
soga náutica, cinta aisladora, fósforos, encendedores, estufas a gas, braseros y hasta
un manojo de algodón o una bella pluma de faisán que mal usados puede causar la muerte.
Quisiera también que me ilustraran acerca de las estadísticas de criminalidad y
abuso de armas por parte de la legión que poblamos los archivos del RENAR o bien de las
muertes producidas en polígonos de tiro en el transcurso ya sea de un día normal o de un
torneo... Podríamos agregar a éste último punto avalanchas y agresiones del público
hacia los deportistas y jueces...Yo acepto que puedan o no gustar de las armas como a mí
no me interesa el fútbol... Pero algún día tómense por sana curiosidad
periodística... el tiempo para recorrer, CON LA MENTE BIEN ABIERTA!!! las instalaciones
de un polígono y observen a un niño de 10 o 12 años con su carabina .22 cómo
pacíficamente se concentra y coloca un "poroto" de plomo de 3 gramos dentro de
un círculo de 1 cm a 50 metros... Vayan luego a una línea de 150 metros y podrán ver,
con similar escenografía a una persona mayor usando uno de nuestros históricos Mauser
1909 y colocando el "poroto" de 10 gramos en un círculo de 2 cm... Siendo
alumno de 5º año de la secundaria tuve mi primer acercamiento y contacto con un Mauser
cuando nos llevaban para rendir las condiciones de tiro... a partir de allí he quedado
ligado a éste maravilloso mundo deportivo... No soy violento ni agresivo... mi familia y
yo estamos integrados a las armas y las respetamos.
Sólo pido ser también respetado y que no se distorsione la esencia de un noble
deporte... De niño y aún joven, jugué al fútbol y llegué a ir circunstancialmente a
una cancha a ver un partido... no me llamó la atención, pero no por ello lo defenestro.
Sin más los saludo atentamente y hago votos para que Dios ilumine vuestras mentes
respecto de éste controvertido tema.
Quedo a vuestras órdenes de considerarlo oportuno.
Firma: Dr. Angel Augusto Lois - DNI 7.754076
PD: Si esto fuera al baño... por favor que sea al de Lorena, no raspa...
| Editorial Diario La Nación |
La Nota Editorial publicada por el Diario La Nación de Buenos
Aires, esta plagada de informaciones inexactas, que contribuyen a producir desinformación
sobre un tema tan delicado, ya que como lo encontramos en muchos casos en la prensa no
especializada, el total desconocimiento de los autores los hace sacar conjeturas y
conclusiones aventuradas.
Postulándose como idóneos en la materia, con conocimientos de criminología, o
legislación, opinando entonces sin bases sólidas, influenciando a la opinión publica.
Un Error muy común entre estos analistas, es confundir a los Legítimos Usuarios y a los
delincuentes, a las armas legales, que forman parte de una actividad licita, comercial,
deportiva, industrial, etc. con las armas que si proliferan en la sociedad, de mercados
negros. Con esa información equivocada, vemos muchas veces, que se alzan voces
solicitando mayor control sobre los tenedores legítimos, y sobre las armas registradas,
olvidando sistemáticamente las armas del otro circuito que son las que forman parte de
los ilícitos. Muchos legisladores se hacen eco de esta información errónea, ya que
resulta mas fácil cercenar los derechos de los que se someten a la Ley que perseguir a
los Ilegales.
Reproducimos la nota, y la contestación enviada al periódico por Lectores, y
publicada por ese medio.
Señor Director:
"Me refiero al editorial "El fácil acceso a las armas", del 16 del
actual. Propicia que nuestra sociedad reclame el control de armas, como lo hicieron las
madres de Estados Unidos. "Ellas no pretenden su prohibición -vedada por la 2a.
enmienda-, sino la realización de exámenes psíquicos a los compradores, espera de
varios días para la entrega del material luego de su compra y que se impida el acceso a
éste para los que tengan antecedentes penales. "Por una vez hemos logrado lo que a
los Estados Unidos les parece deseable. "En nuestro país, para ser usuario legal de
armas, se debe acreditar: aptitud psicofísica mediante examen médico, inexistencia de
antecedentes penales, medios lícitos de vida, domicilio, ser mayor de edad, idoneidad
mediante certificado de instructor oficial del Renar. "Por lo tanto, la liberalidad
en la circulación de armas que el editorial imputa al régimen registral argentino es
inexistente, pues el control es eficaz, probando las estadísticas del Renar que de
750.000 legítimos usuarios sólo el 0,01% se ha visto involucrado en actos impropios, en
su mayoría meras infracciones o situaciones de legítima defensa, que es un derecho legal
y natural de las personas y no un ilícito. "Quienes dejan armas al alcance de niños
-otro tema del editorial- deben ser sancionados con rigor. La actitud de unos pocos
irresponsables no puede ser causa de que se perjudique a los que actúan con prudencia y
respeto a la ley. "Ninguna prohibición de armas redundará en mejora de la
seguridad, pues los delincuentes no entregarán las suyas, que no son las registradas en
el Renar. A ellos se les deberán requisar donde las tengan. Beccaria, padre del moderno
derecho penal y de la humanización de las penas, dijo: "Las leyes que prohiben
llevar armas sólo desarman a los no inclinados a delinquir..., no disminuyen los
homicidios, sino que los aumentan, porque es mayor la confianza en asaltar a hombres
desarmados que a los armados"."
Alberto G. Bosio Abogado, vicepresidente del Foro Nacional de Entidades de Tiro y del
Tiro Federal de L. de Zamora
Peligrosa proliferación de armas
Es lícito poseer armas de fuego, ya sea para protección o con fines deportivos,
pero es alarmante que muchas personas las adquieran desconociendo los riesgos que
entrañan. Varios pasmosos y lamentables hechos policiales muestran, en estos últimos
días, cómo una soterrada amenaza se va convirtiendo en preocupante realidad: el aumento
de la tenencia de armas de fuego en manos de particulares, cuyo uso indiscriminado puede
acarrear gravísimas consecuencias. Sería inexcusable ligereza atribuir este auge
armamentista a alguna moda que en su momento pasará casi sin dejar huellas, o achacarlo
sólo a la facilidad con que pueden ser adquiridas legalmente las armas de fuego
denominadas de uso civil, porque existe también un mercado ilegal en el que es posible
obtener armas de características prohibidas. En gran medida, la propensión a
armarse es un inaceptable recurso extremo que muchos se han sentido compelidos a emplear,
atemorizados por la insuficiencia de la protección policial y judicial para vidas y
bienes, y sometidos a las tropelías de una delincuencia cada vez más numerosa,
fuertemente armada, carente de escrúpulos, exacerbada por la impunidad con que actúa y
violenta hasta el desprecio por la vida humana. Pero ni siquiera ese sentimiento de
indefensión sobre cuyo crecimiento y peligrosidad se ha alertado reiteradamente en esta
misma columna es pretexto válido para justificar que el imperio de las leyes, sostén de
toda convivencia civilizada, sea suplantado por una primitiva justicia por mano propia.
Aún estaba fresca la noticia de la muerte de un muchacho abatido a balazos por el médico
al que acababa de asaltar, cuando otro joven que pretendía cometer un arrebato cayó
tiroteado por una señora. Son frecuentes consta en las crónicas periodísticas los
enfrentamientos armados entre malhechores y sus víctimas, comerciantes o particulares a
quienes una infortunada ocurrencia popular denomina justicieros si el resultado del
tiroteo los favorece. Si bien la legítima defensa está contemplada en la legislación
penal, para hacerla valer deben mediar especiales circunstancias que, en la práctica, no
siempre ha sido posible comprobar. Es lícita la posesión de armas de fuego debidamente
registradas, ya sea que sus propietarios las empleen para protegerse o con fines
deportivos. Lo alarmante es que muchas personas las adquieren desconociendo su uso, sin
prever el cúmulo de penosas complicaciones que les pueden acarrear, y por fuera de los
mecanismos legales. La tenencia de un revólver o una pistola no sólo exige ciertas
aptitudes para utilizarlos sin riesgos sino, además, un sólido equilibrio psíquico.
Durante los incidentes ocurridos en la avenida Santa Fe y sus inmediaciones con motivo de
la visita del presidente Clinton, por ejemplo, la televisión difundió la imagen de un
particular que salió de su casa disparando al aire con la intención de ahuyentar a los
manifestantes, y hace también pocos días, en la localidad de Ingeniero Budge, una
discusión doméstica y banal desencadenó un tiroteo entre dos mujeres: una, de 18 años,
murió, y otras dos sufrieron heridas. La proliferación de armas hace que aparezcan
también, con demasiada frecuencia, en los estadios de fútbol y hasta en las escuelas.
Estos episodios son apenas algunos botones de muestra de una anárquica situación que
merece mayor y más profunda atención de las autoridades. Confluyen en ella la insidiosa
acción del miedo y la difundida sensación de inseguridad que gravita sobre el ánimo
colectivo, y prospera por la facilidad creciente con que es posible obtener un arma de
fuego